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Información Adicional: ¿Qué es la macrobiótica? |
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Como ocurre con muchas disciplinas, corrientes de opinión o movimientos sociales, medianamente complejos, puede ser controvertible definir que es la Macrobiótica. Lo intentaremos en un breve texto, aunque más no sea para iniciar el debate. En primer lugar describiremos, los aspectos principales de la Macrobiótica más conocida en el mundo y que fuera desarrollada por maestros de Extremo Oriente, es decir la Macrobiótica Oriental; para luego hacer una breve referencia a la que se ha dado en llamar Macrobiótica Americana.
MACROBIÓTICA ORIENTAL
Vivir una gran vida
La macrobiótica no es una filosofía ni una religión, ni tampoco es una doctrina espiritual, una mística o un régimen dietético. Analicemos la palabra: biótica: arte o manera de vivir; macro: grande. Por lo tanto, es la “manera de vivir una gran vida”. Esta práctica es la aplicación de una interpretación del orden del universo visible, o en otras palabras, la aplicación de las leyes del cambio o transformación. Desde el principio de los tiempos, el Hombre ha intentado descubrir estos fenómenos. En un pasado lejano, los chinos explicaron las leyes del cambio en un solo principio, muy simple: los polos alternativos, complementarios y dinámicos, designados por “yin” y “yang”. Hace poco más de cincuenta años, el maestro Georges Ohsawa formuló de nuevo esta antigua filosofía y demostró su valor práctico en el terreno de la medicina y de las ciencias exactas. Es una lógica dialéctica y paradójica, basada en lo que Ohsawa llamó el “Principio Unificador”. Para llegar a reconocer este Orden del Universo que nos rodea, es preciso alcanzar el orden interior (orden en los órganos de percepción y en las facultades de interpretación) y la armonía entre el cuerpo y su entorno. El modo más sencillo de conseguirlo es vivir de forma ordenada y, en primer lugar, comer de forma ordenada.
¿Qué significa “vivir y comer de forma ordenada”?
Como todo lo que nos rodea cambia continuamente (día-noche, lluvia-sequía, verano-invierno), para vivir en armonía es esencial que no se viva en tensión, ni crispado. La macrobiótica no es mas que una regla de vida muy flexible basada en el principio básico yin-yang. El hilo conductor es el “non credo” (no creo). Ello significa que los descubrimientos más significativos de nuestra existencia no deben “pensarlos” otros por cuenta nuestra, sino que deben ser el resultado de una reflexión personal, de introspección y de meditación. Esos descubrimientos animan nuestra vida... Cuando vivimos en armonía con “el Cielo y la Tierra” (que son la manifestación yin-yang del universo), reina en nosotros lo que denominamos la salud, la paz y la felicidad (respectivamente: armonía entre el hombre y su medio biológico, armonía entre el hombre y la sociedad, armonía entre el hombre y el universo). La “Tierra” nos procura el alimento que forma nuestra sangre, las células, los huesos, etc. Del “Cielo” (el mundo energético) recibimos unas vibraciones que se manifiestan en forma de deseos, sueños, ideas, amor. Tales vibraciones son complementarias del estado de nuestro organismo y su percepción depende de nosotros mismos (compárese con los programas de radio y televisión, que son diferentes según elijamos la frecuencia o el canal). Creamos y renovamos continuamente este estado psíquico mediante: 1) La alimentación: la calidad, la cantidad y la forma de comer (por ejemplo, si comemos de prisa o lentamente, si masticamos bien o no, etc.). 2) Todos los factores que influyen en nuestro cuerpo: actividad, tipo de trabajo, temperatura, clima, ejercicios tales como deporte, yoga, etc. De este modo, el Hombre dispone de numerosos medios para modificar su estado físico, lo cual le permite determinar la naturaleza de las actividades espirituales a las que se entregará voluntaria o involuntariamente, y determinar, por lo tanto, su vida misma. La influencia de la sociedad (condiciones de trabajo, stress, etc), por ejemplo, no es necesariamente negativa. Puede resultar determinante, pero sólo para los que son sensibles a ella; no es la causa única y primera de dificultades (aunque es altamente deseable que las sociedades evolucionen hacia estructuras más “humanas”).
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