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El Cáncer |
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(viene de página anterior)
determinado estado estomacal e intestinal: la leche por una parte y el huevo por la otra; conjunción de que hacen su preferencia invariable ya por prescripción médica, ya por afición golosa, los consumidores de cremas, de flanes, de postres con aquella doble base. Hacia el tiempo en que las palabras fueron claras, los mitos eran transparentes también. Símbolo del mundo y hasta de su Creador era el huevo. En griego por eso dice tanto como oion, ovon: lo que por sí mismo se alimenta. De modo que ¿cómo ni para qué, sin perturbación del orden natural, se le añadirá la leche? Ni al huevo ni a la carne (que se acuerda de su origen) se le añadirá la leche. Por ese motivo los hebreos de los tiempos mosaicos previenen que no se haga. No guisarás el cabrito –perceptúa El Exodo- con la leche de su madre. La fusión forzada de dos universos alimenticios incongeniables engendra de por sí los elementos tumorales y su consecutiva aglomeración de materia superflua y con ella la desorganización de los tejidos, la disfunción de los órganos, la muerte … Y es para encarecer a este respecto la potencia trastornadora del queso con su concentración de caseína en ese conjunto de fuerzas desquiciadoras y negativas, como refuerzo de destrucción sobreañadido. Cosas todas en que la Bromatología nada puede ni atenuar, ya que no nos hallamos ante un problema de higiene sino ante un conflicto iónico esencial. Y qué diremos, además, de esos estímulos viciosos del alcohol, de los picantes … Ellos constituyen de por sí el factor irritativo en ingesta cancerígena, y gradúan con su mayor o menor intervención, la relativa benignidad o malignidad y rapidez de las neoplasias. La historia de la formación del cáncer podría relatarse de esta manera: mediante la ingestión día tras día, de una alimentación tan nociva que bien podría ser llamada antibiológica se fue suscitando un proceso de sucesivas alteraciones al rigor de una invasión de sustancias inasimilables, cuyos desechos no lograba eliminar el organismo por sus vías naturales. La sangre y la linfa se vieron entonces de más en más alteradas por idéntica causa; de suerte que el enemigo acabó por hacer cabeza de puente en cualquier punto débil de la economía general. Y comenzaron a instalarse las neoformaciones. Y como la alimentación antibiológica, lejos de suprimirse -que habría impuesto la regresión dichosa del daño- hubo de proseguir, la afluencia sin ley continuó, incluso por los intersticios de los tejidos sanos disociándolos, comprimiéndolos, destruyéndolos. Día tras día el mal iba alcanzando a todos los elementos organizados del contorno, según los nuevos contingentes de desecho alimenticio, típicamente antibiológicos, seguían desembarcando por vía sanguínea o linfática, en el terreno elegido.. Hasta que allí no cupo más. Entonces los desechos debieron abrirse nuevo puerto de instalación parásita en otras zonas del cuerpo, destinadas al acogimiento de esas otras neoplasias que por errónea apreciación del suceso llevan el arbitrario nombre de metástasis .. ¿Qué hace, mientras tanto la Terapéutica? Su camino electivo es el de la destrucción de la masa tumoral y el de su presunto sustentáculo de tejido sano a que debe llegar preventivamente la exéresis. Otro muy distinto es, sin embargo, el camino, conforme nos lo ha ido mostrando el proceso mismo de toda tumoración. Lléguese a tiempo, dénsele materiales para remodelar al escultor instintivo que llevamos con nosotros y el proceso contra natura que es de por sí toda tumoración, se interrumpirá de suyo. ¿Por qué? Simplemente por haber recobrado su imperio, con sus justos ordenamientos y armonías, la Naturaleza. |
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TITULO: |
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AUTOR: |
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EDITORIAL: |
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CODIGO: |
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CATEGORIA: |
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PESO (en gr.): |
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PAGINAS: |
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El Cáncer |
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Arturo Capdevila |
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Buena Vista Editores |
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802 |
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Bibioteca Oculta Arturo Capdevila |
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270 |
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196 |