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De la Medicina Guaraní. Etnografía sobre Plantas Medicinales

Moisés Bertoni (1857-1929), naturalista suizo, afincado durante años en la selva del Alto Paraná paraguayo, nos dejó este enorme legado fruto de años de investigación entre los pueblos guaraníes. Estos pueblos abarcaban una extensa comarca. “Desde la Florida y las Antillas, Amazonia, todo el Brasil, el Paraguay y el Paraná hasta la desembocadura del Río de la Plata, los guaraníes conquistaron la parte del mundo más rica de selvas y de aguas, por tanto de productos vegetales, así como la más propia para su industria de todos los tiempos preferida, la agricultura”.

A la higiene (incluida la dieta) y a la excelencia del clima se atribuye que se observasen en América muchas menos enfermedades que en Europa y otras partes del mundo. Sea como fuere, es indiscutible que el número de enfermedades, antes de la ocupación europea, era notablemente menor en América, que en Europa, Asia y África. “Siendo además de notar que los americanos estaban libres de las más destructoras de las enfermedades y, especialmente, de las que minan más profundamente a las generaciones y traen como fatal consecuencia una mayor decadencia de la raza”. Los catarros no eran nada frecuentes entre los guaraníes, por el contrario eran rarísimos aún en los ancianos. La nefritis era muy rara y aun prácticamente desconocida en pueblos vegetarianos que, además, no usaban sal de cocina. Tampoco estaba la neumonía entre las enfermedades comunes; también era rara y tal vez desconocida. Y así la gripe, enfermedades del corazón, etc.

Si bien eso facilitaba la tarea de los médicos guaraníes eran numerosos los tratamientos que usaban para las enfermedades que se daban en la región: paludismo, dengue (“de persistir los dolores del dengue aún después de la curación, de manera que resulten un estorbo para la vida corriente, el médico indígena utilizaba analgésicos y antiespasmódicos que en farmacia guaraní, cuya inmensa oficina es la selva, son bastante numerosos y algunos de notable efecto”), reumatismos, pasmos, digestivas, parasitarias, dermatosis, mordeduras ponzoñosas, heridas, tétano infantil, gangrenas y otras.

Pero los médicos guaraníes supieron encontrar remedios no sólo para las enfermedades comunes en la región, sino también alivio, si no cura, de las importadas. Son ejemplos la lepra, la tuberculosis y la sífilis. Como bien se comprende, esos médicos generalmente empezaban por aplicar los remedios que usaban para enfermedades similares. Pero supieron encontrar, eventualmente, tratamientos y medicamentos nuevos, cuando esos remedios ya no bastaban. Por ejemplo, sobre la lepra, dice al autor, antes de explicar el tratamiento:

“Parece evidente que la lepra no existía en América antes de la llegada de los europeos. No es aludida como enfermedad natural de la tierra, por ningún autor del primer siglo del coloniaje, ni, que yo sepa, por ningún otro documento. Durante el siglo siguiente, varios autores, y en particular Rochefort, aluden a ella, pero sin darla como indígena, y el de mayor autoridad en la materia, G. Pisón, afirma categóricamente que en el Brasil todavía no existía.

En presencia de la nueva enfermedad, los médicos guaraníes, con una notable uniformidad de vista tanto en Antillas, como en el Brasil y en el Paraguay, pensaron en aplicar uno de sus tratamientos preferidos para las enfermedades rebeldes, el hacer sudar a chorro. Y como la lepra resultase más rebelde que ninguna enfermedad indígena, idearon medios especiales para que la exudación llegase al máximun posible. Tal fue su método de curación. Que resultase siempre eficaz y definitivo, es lo que actualmente no se podría afirmar, faltando una experimentación metódica y científicamente controlada. Pero es lo que afirman los raros médicos indígenas o criollos, que hoy se acuerdan todavía de aquel procedimiento, el cual era conocido antes de la guerra en la campañas del Paraguay”.

Pero no era sólo empirismo. El autor transcribe estas palabras del médico brasileño Dr. Manoel Sisnerios: “Todo médico que huyendo del bullicio de las ciudades, se entrañe por los campos y las rozas, para el ejercicio de su profesión, se maravillará al ver cómo allí son aprovechadas nuestras riquezas naturales en materia médica: y si tratase de hacer una lista de los simples vegetales que son empleados por los médicos indígenas y los curanderos, se asombraría del subido número a que tendría que llegar. Y continuando en sus estudios y observaciones se apercibirá que, en el empleo de estos remedios, no hay empirismo puramente. Encontrará rudimentos de métodos, esbozos de doctrinas; y recordará que la terapéutica popular tiene una norma de proceder para cada género de casos especiales, y en cada tratamiento un pensamiento director, que muchas veces tiene su representación en las teorías científicas más modernas. Por fin, como resultado de sus

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De la Medicina Guaraní. Etnografía sobre Plantas Medicinales

Moisés Bertoni

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